Manual para cometer errores

Monterrey, México. Durante los meses previos a la invasión francesa a Rusia el optimismo corría entre las filas militares. Los soldados, capitanes y generales de la Grand Armée (Gran Ejército) confiaban demasiado en Napoleón Bonaparte. El Emperador de Francia los había llevado a la victoria en demasiadas ocasiones. Por todo Europa los enemigos de Francia recordaban la humillación de la Batalla de Austerlitz (1805). Rusia era tan solo un escalón más para dominar el mundo. La invasión acabó en una espantosa derrota que enterró para siempre las aspiraciones imperiales.

El optimismo es bueno y malo. El pesimismo puede resultar a favor y en contra. El realismo es el mejor de todos. Las tropas imperiales estaban rebosantes de optimismo y su fe en Bonaparte era ciega. Las líneas de suministro entre Francia y Rusia eran muy largas y tenían que pasar por los dominios de Austria y Prusia que, eran enemigos ocultos del Emperador. Inglaterra dominaba los mares y podía atacar en los lugares menos esperados la débil retaguardia de la Grand Armée Francesa.

El optimismo y la fe ciega, mezclados con el culto a la persona de Bonaparte impedían a los mejores analistas de la época expresar sus dudas acerca de la operación rusa. Por otro lado los generales franceses sólo veían la geografía en el campo de batalla. Se les olvido el clima, la fiereza del soldado ruso y la capacidad social para unirse contra el invasor. La tierra arrasada tomó por sorpresa a los mejores generales de Napoleón. Las fallas en el sistema de inteligencia francés terminaron convirtiéndose en cientos de miles de franceses muertos.

Los casos de grandes derrotas militares producto de malos sistemas de inteligencia, optimismo sin realismo y culto al jefe abundan: Vietnam, Rusia en la Segunda Guerra Mundial, Inglaterra en tiempos de la Armada Invencible, Irak en 2003, la invasión a Afganistán de los rusos, la Guerra de los 6 días, Crecy en 1346 y cientos más de ejemplos. Ser un ignorante histórico se traduce en cometer los mismos errores una y otra vez. Hoy el enemigo se llama COVID19 y los mismas fallas de la derrota pueden causar millones de infecciones.

 

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